lunes, 19 de octubre de 2009

EL APARATO PSÍQUICO



El psicoanálisis establece una premisa básica cuya discusión concierne al pensamiento filosófico y cuya justificación se halla en sus propios resultados. Dos son las nociones' que tenemos respecto a lo que hemos dado en li~mlir nuestro psiquismo (vida anímica) : por un lado, el órgano somático que le sirve de escena: el cerebro (sistema nervioso) ; por el otro, nuestros actos de consciencia dados en forma inmediata y que ninguna descripción podría aproximarnos más. Ignorarqm
cuánto se halla entre ambos; no hay relación directa entre esos dos términos finales de nuestro conocimiento.
Si la hubiera, a lo sumo nos ofrecería una Iocalización exacta de los procesos de consciencia, sin contribuir a su comprensión.
Los das supuestos mencionados arrancan de estos términos o principios de nuestro conocimiento. El primero concierne a la 1,ocalización. Suponemos que la vida psíquica es función de un aparato al que atribuímos extensión espacial y composición de varias partes,o sea nos lo imaginamos a semejanza de un telescopio, un microscopio o algo parecido. No obstante ciertos intentos anteriores, la elaboración consecuente de semejante hipótesis es una novedad científica.
Hemos llegado a conocer este aparato psíquico estudiando la evolución individual del ser humano. A la más antigua de estas provincias o instancias psíquicas,le llamamos ello; su contenido es todo lo heredado, lo congénitamente dado, lo constitucionalmente establecida;es decir, ante todo, los instintos surgidos de la
organización somática, que hallan aquí una primera expresión psíquica cuyas formas ignoramos
l.Bajo el influjo del mundo exterior real que nos rodea,parte del ello ha experimentado una peculiar transformación. En efecto, constituyendo primitivamente
una capa cortical dotada de órganos receptores de estímulos y de dispositivos para la protección contra los mismos, se ha establecido paulatinamente una organización especial que desde entonces oficia de mediadora entre el el!o y el mundo exterior. A este sector de nuestra vida psíquica le damos el nombrc de yo.
Características principales del yo.
En virtud de la relación previamente formada entre percepción sensorial y actividad muscular, el yo.
Esta parte rnir arcaica del aparato psíquico seguirá siendo la más importante
durante la vida entera. De ella parriba también, la labor investigadora
del psicoanálisis.
NATURALEZA DE LO PsÍQuICO
Su tarea es la autoafirmación, y la realiza en doble sentid^. Frente al
inundo exterior, aprende a conocer los estímulos, acumula (en la memoria) experiencias sobre los mismos, evita (por la fuga) los que son demasiado intensos,
enfrenta (por adaptación) los estímulos moderados y,por fin, aprende a modificar el mundo exterior adecuándolo
a su propia conveniencia (actividad). Hacia dentro, frente al ello, conquista el dominio sobre las exigencias de los instintos, decide así si han de tener
acceso a la satisfacción, aplazando ésta por los momentos circunstancias más favorables del mundo exterior, o bien suprimiendo totalmente las excitaciones instintivas.
En esta actividad, el yo se ajusta a la consideración de las tensiones excitativas que ya posee o que le llegan. Su aumento se hace sentir en general como displacer,
y su disminución, como placer. Sin embargo,lo que se siente como placer y displacer, probablemente no sean las cúspides absolutas de esas tensiones excitativas,
sino alguna particularidad en el ritmo de su modificación. El yo tiende al placer y quiere eludir el displacer. Responde con la seiial de angustia a un aumento
esperado y previsto de displacer, calificándose de peligro al motivo de ese aumento, ya amenace desde fuera o desde dentro. Periódicamente el yo rompe sus comunicaciones con el mundo exterior y se retrae al estado de reposo o sueño, modificando profundamente su organización. A juzgar por el estado de sueño,cabe suponer que dicha organización consiste en una distribución peculiar de la energía psíquica.
ESQUEMA DEL PSICOANALISlS
Como sedimento del largo período infantil en que el hombre en formación vive dependiendo de sus padres,fórmase en el yo una instancia particular que perpetúa
esa influencia parental y a la que se ha dado el nombre de superyo. En la medida en que se separa del yo o se le opone, este superyo constituye una tercera potencia, que el yo ha de tener en cuenta.
Un acto del yo es correcto cuando satisface al mismo tiempo las exigencias del yo, del superyo y de la realidad, es decir, si logra conciliar mutuamente sus
respectivas pretensiones. Los detalles de la relación entre el yo y el superyo siempre se explican reduciendola a la relación del niño con sus padres. Desde luego, en el influjo parental no sólo interviene la índole personal de los padres, sino también la influencia de las tradiciones familiar, racial y popular que aquéllos perpetúan, así como las demandas del respectivo medio wial que los padres representan. En el curso de la evolución individual, el superyo también incorpora aportes.
de ulteriores sustitutos y sucesores de los padres, como los educadores, los personajes ejemplares, los ideaks venerados en la sociedad. Se advierte que, pese a
todas sus diferencias fundamentales, el elío y el superyo coinciden entre si al representar las influencias del pasado: el ello, las heredadas; el superyo, principalqnepte, las recibidas de otros, mientras que el yo es determinado esencialmente por las vivencias propias, es decir, por lo actual y accidental.
, Este esquema general de un aparato psíquico también tiene vigencias para los animales superiores, psíNATURALEZA DE LO PSIQUICO Es quicamente semejantes al hombre. Debernos aceptar que existe un superyo en cualquier ser que haya tenido,
como el hombre, un período más bien prolongado de dependencia infantil. Asimismo debe aceptarse inevitablemente el divorcio entre el yo y el ello.
La psicología animal aún no ha abordado el interesante problema que aquí se plantea.

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