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martes, 27 de octubre de 2015

La Consejería Psicológica puede ser considerada como una especialidad emergente que trabaja con los problemas de vida de sus participantes. A partir de la visión, o premisa, de que los conflictos del diario vivir son posibilidades, no necesariamente obstáculos, mediante los cuales se puede desarrollar madurez y crecimiento psicológico en los individuos. Esta disciplina utiliza la consejería como su herramienta primordial en la intervención con las personas. A través de la exploración y el diálogo aplica diversas modalidades terapéuticas tradicionales y otras innovadoras. 

Esta visión tiene sus raíces en la magna aportación que hiciera Carl Rogers en su trabajo, Counseling and Psychotherapy (1942, 1951) y en Client – Centered Therapy (1951) ya que estableció un nuevo paradigma sobre la importancia y necesidad, de ver al cliente como un individuo total y único. 
Esta visión se tiene como punto de referencia, el marco histórico de la Segunda Guerra Mundial y el retorno de los soldados; quienes confrontaron un difícil proceso de ajuste en relación a su vida profesional, social, familiar y psicológica. 

Los consejeros vocacionales se enfrentaron al reto de tener que ofrecerles ayuda en la selección de nuevas carreras, identificando nuevas metas e intereses para ello Abrey (1977). En opinión de Whiteley (1984) existieron cinco condiciones principales, o fuerzas propiciatorias, para el surgimiento de la Consejería Psicológica en ese momento, a saber; el llamado movimiento de la Reforma Social, el surgimiento de la orientación vocacional, el desarrollo de la psicometría, la elaboración de nuevas teorías, los enfoques psicológicos y los rápidos cambios sociales. 

Con esto en mente, podemos situar el nacimiento de la consejería psicológica en la segunda mitad del siglo XX, sin olvidar que una amalgama de otras especialidades de la Psicología aportaron mucho a su desarrollo –siendo la consejería vocacional una de las más prominentes Leong & Leach (2007).

miércoles, 27 de octubre de 2010

Dia de Muertos



Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el siete de noviembre del 2003, el Día de los Muertos, es una celebración mexicana que honra la memoria de quienes dejaron este mundo, en sus orígenes prehispánicos, mayas, purépechas, totonacas y nahuas, fueron etnia que celebraron la vida y gloria de sus ancestros de hace tres mil años según los vestigios arqueológicos. Hoy en pleno Siglo XXI, el dos de noviembre es un día de colorido, calaveras y altares que se convierten en verdaderas obras de arte.

Aún cuando esta fiesta es celebrada en algunos países de Centroamérica al igual que en Brasil, donde se le conoce como “Día dos finados”, por su origen, es quizás una de las fiestas de mayor arraigo de la identidad cultural mexicana. Y el sentido de fiesta se sigue conservando a pesar de la colonización española, ya que para los primeros pobladores de Mesoamérica. La muerte no tenía nada que ver con cielo e infierno, premio o castigo, ya que la muerte tenía que ver con la forma del deceso, no con el comportamiento en vida.

Las prácticas desarrolladas por los habitantes del nuevo mundo, le parecieron aterradores a los españoles, quienes condenaron las fiestas, y en un intento por occidentalizar a los nativos con los ritos católicos, hicieron coincidir la fecha con la celebración católica del Día de Todos los Santos y Todos los Muertos, celebrado el uno de noviembre.

A partir de este acontecimiento el Día de los Muertos es celebrado el dos de noviembre y entendido también como parte de la fiesta católica.

LO QUE INTEGRA LA FIESTA

El Día de los Muertos es una representación del patrimonio cultural indígena de México, que se conserva y difunde en el mundo entero a través del arte y la tradición del pueblo, una extensión del individuo en la sociedad que reafirma su identidad mediante el homenaje de sus muertos, en una representación estética que tiene entre algunos componentes particulares, los siguientes:

Ofrendas y visitas: Según la tradición se cree que las almas de los niños visitan el mundo el uno de noviembre, y las almas de los adultos el día dos. Las familias que no tienen la posibilidad de visitar las tumbas de sus ancestros, elaboran detalladas ofrendas en sus casas donde incluyen la comida que le gustaba al familiar del homenaje. Pan de muerto, flores, vasos de agua, fotos, calaveras de dulce y azúcar, cigarros, e incluso detalles que le gustaban al homenajeado, hacen parte de la ofrenda.

Pan y calaveras: El pan de muertos es uno de los platillos que no pueden faltar en la mesa de los mexicanos en este día, es un pan de dulce que en algunos lugares para amenizar la fiesta, se hornea en formas como huesos, calaveras o simplemente figuras redondas que después se espolvorean con azúcar.

Las Calaveras típicas de estas fechas son figuras de cráneos hechas con azúcar principalmente, y a éstas se les ponen nombres, leyendas o mensajes en la frente, pueden ser consumidas por amigos o familiares de la persona a quien está dedicada.

Flores: Durante esta semana y en especial los días uno y dos de noviembre los mexicanos acuden a los panteones para limpiar y decorar las tumbas y lapidas de sus familiares muertos, por lo general las flores tienen un connotado colorido que caracterizan la fecha. Las flores de cempasúchil, las que según la tradición tienen el poder de atraer y guiar las almas de los muertos, además de darles paz y la bienvenida en su visita del dos de noviembre.
EL ALTAR DE MUERTOS

Básicamente un altar es una mesa, tarima o incluso una habitación completa en la que se ubican flores, comida, fotografías, caña de azúcar, veladoras, papel picado, la cruz de sal y las infaltables calaveras de dulce, entre otras cosas. El altar de muertos es toda una composición estética en el que los elementos visuales juegan un papel importante, además de la intención, ya que es una de las tradiciones mexicanas en la que se honra de manera casera la memoria de los muertos.

Dependiendo de la idiosincrasia, las costumbres y la ubicación geográfica, existen altares de diferentes niveles, por ejemplo el de dos niveles que representa el cielo y la Tierra, de tres niveles donde se representan el cielo, el purgatorio y la Tierra, y altares de siete niveles que son una analogía de los siete niveles que se requieren para llegar al cielo, la tierra y el purgatorio, como lo indica la tradición católica.

El arco o marco en el que se ubica el altar, significa una puerta al mundo de los muertos, las imágenes de las ánimas del purgatorio, el copal, elemento prehispánico que limpia y purifica las energías, mezclados con una infinidad de pequeños detalles que elabora la artesanía popular mexicana, hacen también que el altar se convierta en una fiesta familiar alrededor de una costumbre milenaria que ha perdurado intacta, con algunas pequeñas modificaciones.
DE LA TRADICIÓN A LA FICCIÓN

Literatura, cine, fotografía, música, escultura y todo tipo de manifestación plástica, ha trascendido en el mundo de la cultura tomando como inspiración la muerte, pero la fiesta mexicana, Patrimonio de la Humanidad, el Día de los Muertos, ha impactado a creadores de todo el mundo, que llevados por la curiosidad, fijan sus ficciones en torno al festejo mexicano del dos de noviembre, que ahora toma mucha fuerza en Estados Unidos por la cantidad de inmigrantes mexicanos que conservan la tradición.

Bárbara Hambly, escritora norteamericana, publicó su novela “El Día de Muertos”, un diciembre de 1982, de la que se llevó una cuarta edición en el 2000 y la historia de la autora estadounidense se desarrolla en una celebración del Día de Muertos en 1835. El también estadounidense Ray Bradbury, escritor famoso por sus obras de ficción, terror, misterio y principalmente conocido por obras crónicas sobre marcianos, escribió “El Árbol de la Noche de Brujas”, alrededor del dos de noviembre mexicano.

Después de que José Guadalupe Posada creó La Catrina, muchos artistas han representado a través de la pintura y el grabado principalmente el Día de los Muertos, ya sea en torno al color de la fiesta popular o al significado cultural que tiene para un pueblo. De la misma manera clásicos musicales como La Llorona, originario de Tehuantepec, Oaxaca, compuesta por Luis Martz, es un recurrente sonoro por estas fechas del dos de noviembre.
De diosas y dioses

La diosa Mictecacíhuatl, o también llamada Dama de la Muerte, esposa de Mictlantecuhtli, era la deidad que precedía la celebración que se dedicaba principalmente a los niños y los parientes que habían fallecido. Esta conmemoración tenía su lugar en el noveno mes del calendario solar mexica, actualmente a inicios de agosto y la fiesta se extendía durante un mes completo. Mictecacíhuatl, actualmente es relacionada con La Catrina que inmortalizó el pintor y grabador mexicano José Guadalupe Posada.

Considerado como el arquetipo del artista popular, por Diego Rivera, y defensor acérrimo de este tipo de arte, José Guadalupe Posada, considerado por muchos como el precursor del nacionalismo, la caricatura política, algunas técnicas de grabado y sus aportes en la fundación de periódicos importantes en México. José Guadalupe Posada, le puso cara a la celebración del Día de los Muertos, con la creación de su famosa Catrina y la puesta en escena de un sinfín de dibujos en los que las calaveras escenifican las más cotidianas actuaciones del mexicano común y corriente.

Originalmente La Catrina era una parodia de la sociedad mexicana de clase alta, antes de la revolución mexicana, más adelante se convierte en la imagen oficial del Día de los Muertos.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Escucha

El ser humano aprende todo por imitación, es decir que ellos repiten lo que ven y escuchan. Si un párvulo nace dentro de una familia intelectual o educada, hablará pronto en forma correcto ya que de una manera natural y si se pudiese decir inconscientemente va a hacer un doblaje de voces, gestos, costumbres y expresiones.

Nosotros muchas veces si concurrimos a un determinado lugar donde tratamos con personas cuyo lenguaje difiere del nuestro o hacen uso de modismos y expresiones diferentes, en forma imperceptible y debido a la frecuencia con que escuchamos dichos vocablos podremos a funcionar nuestra memoria auditiva y en poco tiempo haremos uso de una parte de ese estilo, ya que inconscientemente se ha fijado en nosotros.

Entonces si aprovechamos esta ventaja atendiendo a conferencias, discursos, cursos de locución u oratoria, y escuchamos atentamente y analizamos la construcción detenidamente, será suficiente para absorber aprendizaje de ello.

Es mejor imitar a una persona que hable correctamente, que pronuncie todas las letras correctamente, que imitar a un enajenado sin cultura. Debemos aprender primero a escuchar y luego hablar, es muchísimo mejor ejercitar los oídos que un órgano tan pequeño pero al mismo tiempo tan destructivo como la lengua.

martes, 12 de mayo de 2009

CONTEXTO DE SU EMPLEO

Para una adecuada contextualización de las aplicaciones clínicas de estas consideraciones es conveniente diferenciar niveles de gravedad y cambios ualitativos en los diversos trastornos que aquejan a las personas, según se comprometa en mayor o menor grado sus capacidades adaptativas y de desarrollo personal. En este sentido en acuerdo con Krawchik y col. (1994,1996) se diferencian: a) comportamientos característicos, que suponen un modo de expresar características (o patrones de conducta) que pueden generar malestar o sufrimiento, pero que se admiten como tolerables por las personas y no alcanzan a producir mayores dificultades de adaptación a las exigencias del medio; b) comportamientos como trastorno, que
perturban el desarrollo y/o reducen las posibilidades adaptativas (pero no las eliminan) de las personas, y por lo tanto generan considerables restricciones en su desarrollo (afectivo-emocional, familiar, social, laboral etc.); y c)Comportamientos patológicos que son aquellos que perturban en forma severa las posibilidades adaptativas de las personas, generalmente con una disminuida conciencia de sus déficits, y con anclaje en el desarrollo de habilidades socioafectivas y
personales necesarias para una vida satisfactoria y con futuro (Tabla 1).
Tabla 1. Diferenciación operativa del comportamiento según niveles de gravedad y cambios cualitativos

El COMPORTAMIENTO COMO PROPIEDADES
Característica
⇒ Suponen la expresión de características o actitudes (patrones de
conducta) que pueden generar malestar o sufrimiento.
⇒ Son tolerables por las personas.
⇒ Sin mayores dificultades de adaptación a las exigencias de su medio.
Trastorno
⇒ Generan mayor malestar o sufrimiento, que provoca restricciones en el
desarrollo afectivo, familiar, social, laboral etc.
⇒ No son tan tolerables por las personas.
⇒ Reducen las posibilidades de adaptación (pero no se eliminan).
Patología
⇒ Fuente de profundo malestar o sufrimiento que ocupa su vida.
⇒ Perturbación severa de la adaptación ambiental, aún para las
actividades de la vida diaria (AVD).
⇒ Cronicidad frecuente y configuración de un estilo de vida.
⇒ Conciencia disminuida de sus déficits.
⇒ Anclaje en el desarrollo socioafectivo y personal necesarios para una
vida satisfactoria y con futuro (restricción severa del aprendizaje).

Siguiendo esta línea de trabajo, se observa que el comportamiento como patología
(frecuentemente de alta cronicidad) compromete alteraciones del sistema nervioso, y por lo tanto exige su estudio a la luz de los avances en el campo de las neurociencias y las ciencias del comportamiento. Cuando se trata de características o desajustes por inadecuados modos de encarar un problema, es posible intentar con éxito estrategias de modificación del comportamiento. Pero si se trata de conductas que responden a patologías cerebrales o modalidades neurofuncionales que ponen en riesgo la calidad de vida, la situación es muy diferente. Ello exige entre otras cosas, el conocimiento de mecanismos neurofuncionales y neurodinámicos, como de mecanismos de refuerzo de los síntomas (propios de toda conducta que opera en un medio y tiene consecuencias). En tal sentido, diversos autores (Creack, 1986;
Krawchik, 1989, 1994; Mias, 1993; Krawchik y col., 1994, 1996) ya reconocen la necesidad de integrar estrategias cognitivo conductuales en la terapéutica neuropsicológica, considerando tanto los efectos que el aprendizaje tiene en la reorganización de las funciones cerebrales y la conducta, como en el sobredimensionamiento de las diversas patologías por efecto de la interacción de los síntomas con su medio. Se consideran para ello dos aspectos fundamentales:
1) El aspecto neuropsicológico:
Hace referencia a las modalidades operativas y funcionales del individuo enfrentado
ante tareas resolutivas de problemas. Ello supone la evaluación de distintas funciones cerebrales (características sensoperceptivas, atencionales, de memoria, procesamiento del tiempo y el espacio, de las emociones, del lenguaje y el pensamiento entre otras), como de modalidades de procesamiento de la información condicionadas al medio ambiental del paciente. Se entiende aquí por modalidades de procesamiento de la información como aquellas formas preferenciales o “estilos” relativamente estables de percibir, conceptualizar y organizar la información, que se corresponden con distintas estrategias de análisis y síntesis, y con las cuales se codifica la experiencia y se interpreta el mundo circundante. En tal sentido los diferentes test neuropsicológicos o conjuntos de pruebas que se intentan utilizar, no pueden de ninguna manera construirse como un modelo universal y paradigmático de las funciones cerebrales. Estas se organizan a partir de los aprendizajes que el individuo adquiere en su medio particular. Los resultados de baterías de test con puntajes normatizados, no serán nunca reflejo de las verdaderas características operativas de la persona, siendo importante la valoración cualitativa (Luria,
1973 ; Manga, 1987) y conductual de las diferentes estrategias de resolución. Dado que no se pueden evaluar las funciones cerebrales por sí mismas, no tienen existencia independiente de la conducta (Krawchik, 1994). Los objetivos del examen neuropsicológico se detallan a continuación (Esquema 1), presentando en forma anexa un protocolo que sintetiza el examen empleado para tal fin (Anexo 1).
1. Objetivos del examen Neuropsicológico
⇒ Describir las manifestaciones normales como patológicas de las funciones cerebrales, considerando tanto los procesos alterados como los conservados.
⇒ Conocer la fisiopatología de las manifestaciones de la funciones cerebrales.
⇒ Determinar un diagnóstico clínico neuropsicológico y topográfico cerebral.
⇒ Conocer las modalidades funcionales de procesamiento de la información.
⇒ Conocer la personalidad premorbida y el medio interaccional de la persona.
⇒ Proponer una terapéutica con programas de reorganización de las funciones cerebrales, y de reacomodación a su hábitat y niveles de rendimiento, a través de:
a- La recuperación o compensación de las funciones afectadas.
b- El empleo de recursos basados en funciones conservadas, con el aprendizaje de
nuevas estrategias de resolución de problemas.
c- Consideración del aspecto afectivo-emocional en el trabajo terapéutico.
2) El Análisis Funcional del Comportamiento:
Permite identificar las condiciones que refuerzan las conductas consideradas como
problema. En coincidenica con Fernandez Ballesteros (1994) se piensa que “una posición socioambiental no impide un importante papel etiológico de factores fisiológicos, genéticos u otros factores no ambientales... sin embargo, el hecho de tener en consideración factores biológicos no merma el objetivo principal de la evaluación conductual: indagar sobre las condiciones ambientales que pueden ser relevantes a la conducta objeto de estudio”. Se agrega que en muchas oportunidades esas condiciones ambientales impiden o no favorecen una adecuada reorganización funcional de la función cerebral superior por desconocimiento de su fisiopatología y/o de sus modalidades funcionales. En este sentido, la ventaja del análisis funcional del comportamiento (AFC) reside en el conocimiento y ajuste de dichas condiciones,
y en el análisis de las secuencias conductuales y la elaboración de programas de conducta con correspondencias neurofuncionales.

viernes, 8 de mayo de 2009

EL CEREBRO



En primer lugar el cerebro como el hombre es producto de la evolución. En ella muchos
cambios con fines adaptativos han dejado su huella, registrándose una riqueza de conexiones y circuitos neuronales que hacen posible una plasticidad conductual necesaria para acomodarse a las distintas circunstancias ambientales. Se admite que los estados cambiantes del organismo influyen sobre la conducta, siendo la actividad nerviosa la privilegiada en dicha influencia. Existe numerosa evidencia en este sentido, que no solo atañe a las funciones primarias del SN (reflejos, sensaciones y movimientos) sino también a expresiones psicológicas complejas (motivaciones, emociones, lenguaje, pensamiento etc.). Numerosas investigaciones se orientan por interrogantes sobre las estructuras nerviosas involucradas en dichos procesos (Sander, Oberling, Silveira y col. 1993; Jernigan, Hesselink, Sowell y Tallal 1991; Ledoux, 1992), como los distintos grados de activación neurofuncional tanto para la
conducta normal como patológica (Lassen, Ingvar y Skinhoj, 1976; O’Tuama y Treves, 1993;Starkstein y Vázquez, 1993; Wolfe, 1996) y las modalidades de aprendizaje y de
procesamiento de información (Majovski y Jacques, 1982 ; Obrzut y Hynd, 1981;Portellano Perez, 1992; Ardila, 1995; Lyon, 1996). Otras investigaciones en cambio, mediante estudios de linkage genético (D’amato y Mallet, 1992 ; Mendlewicz e Hirsch, 1992) que cuentan con un número creciente de marcadores, intentan aislar el compromiso genético implicado en la etiología de diversos trastornos; mientras que otros trabajos (Bolulenger, Bisserbe y Zarifian, 1992; Haefely y col., 1992; Barr, Godman y Price y cols., 1992; Hoehn-Saric, Pearlson, Harris y cols., 1991) avanzan en modelos neuroquímicos y farmacológicos en diversos trastornos primarios o frecuentemente asociados como ansiedad, depresión, estados obsesivos y afectivos. Por otro lado la actividad nerviosa no es independiente de la actividad endocrina e
inmunológica , siendo creciente las evidencias de una interacción recíproca. Diversos autores (Aarli, 1983; Maier, Walkins y Fleshner, 1994) consideran la psiconeuroinmunología como la interface entre la conducta, el cerebro y el sistema inmunológico; mientras que otros investigadores, con un amplio rango de metodologías intentan comprender las perspectivas pisquiátricas de dichas relaciones (Stein y Trestman, 1990; Rubinow y Schmidt, 1996).

"Tu Cerebro te Miente: Por qué Sentir Culpa al Poner Límites es un Error Evolutivo (y cómo reprogramarlo)"

  1. Introducción "Imagina que estás en un avión y las máscaras de oxígeno caen. Las instrucciones son claras: ponte la tuya primero ...